7 de octubre de 2026
Antes de elegir frascos, tarros, bombas o tapones conviene definir qué debe resolver realmente el packaging.
Un buen briefing permite convertir una idea de producto en criterios concretos para seleccionar muestras relevantes. No tiene que contener todas las respuestas, pero sí suficiente información para descartar opciones que, aunque resulten atractivas, no encajan con las necesidades técnicas, económicas o de marca del proyecto.
¿Qué debería incluir, en consecuencia, un briefing de packaging?
El punto de partida es el producto.
No necesita el mismo packaging un sérum, una crema facial, un perfume, un aceite corporal o un producto capilar. La categoría y las características de la fórmula condicionan qué soluciones tiene sentido evaluar. Por eso, el briefing debería incluir información básica como:
No se trata de realizar todavía todas las pruebas de compatibilidad, sino de evitar seleccionar muestras que desde el principio resulten poco adecuadas para la fórmula.
El briefing también debería explicar y/o responder qué experiencia de uso se busca.
¿El consumidor necesita una dosis precisa? ¿Aplicará el producto varias veces al día? ¿Se busca pulverización, bombeo, cuentagotas o aplicación directa? ¿Debe poder utilizarse con una sola mano?
Definir el comportamiento esperado es más útil que limitarse a pedir, por ejemplo, “una bomba bonita”. La pregunta, por lo tanto, debería ser:
¿Qué tiene que hacer bien este packaging cuando llegue a manos del consumidor?
A partir de ahí resulta más sencillo seleccionar el sistema de dispensación y los componentes que merece la pena probar.
Dos envases técnicamente válidos pueden comunicar cosas completamente diferentes. Por eso, el briefing debe incorporar también el posicionamiento del producto: premium, clínico, natural, minimalista, tecnológico, sofisticado, accesible...
Un moodboard, referencias visuales o ejemplos de códigos que encajen -o que se quieran evitar- ayudan mucho más que conceptos demasiado abiertos como: “queremos algo diferente”.
Esta información permite orientar desde el inicio aspectos como formas, proporciones, materiales, colores y acabados.
No todos los proyectos requieren el mismo grado de desarrollo.
En algunos casos, un envase estándar bien seleccionado y personalizado mediante color, serigrafía, stamping o lacado puede conseguir el resultado buscado. En otros, puede ser necesario estudiar componentes o desarrollos más específicos.
Definir desde el briefing el nivel de diferenciación esperado ayuda a que las muestras seleccionadas sean coherentes con el proyecto y con sus posibilidades reales de industrialización.
Hay muestras que pueden encajar perfectamente desde el punto de vista estético y técnico, pero dejar de tener sentido cuando se introducen las variables económicas.
Por eso es importante conocer, aunque sea de manera aproximada:
Estos datos permiten distinguir entre soluciones estándar, personalizadas o desarrollos específicos y evitan avanzar con alternativas que después no resultarán viables.
No hace falta disponer de cifras definitivas. Pero cuanto más realista sea el punto de partida, más útil será la selección de muestras.
“Sostenible” es demasiado amplio para funcionar como requisito de briefing.
Conviene concretar qué objetivo se persigue: reducir peso, incorporar material reciclado, mejorar la reciclabilidad, simplificar componentes, estudiar un sistema refill o reducir el impacto logístico, por ejemplo.
Si existen varios objetivos, hay que establecer prioridades. Esto permite incorporar la sostenibilidad desde el comienzo del proyecto sin convertirla posteriormente en una condición añadida a una solución que ya estaba prácticamente definida.
El canal también importa.
Un producto pensado principalmente para ecommerce puede tener necesidades diferentes de uno destinado a perfumería selectiva, farmacia, retail o travel retail. También conviene identificar desde el principio los mercados previstos, especialmente cuando el lanzamiento se realizará en diferentes países.
No es necesario resolver todavía todos los condicionantes logísticos o regulatorios, pero sí conocer el contexto en el que deberá funcionar el packaging.
La fecha de lanzamiento condiciona qué opciones son realmente posibles.
Un desarrollo altamente personalizado puede ser adecuado para un proyecto con un calendario amplio y poco realista para otro que necesite estar en producción en pocos meses. El briefing debería incluir al menos:
Con esta información es más fácil seleccionar alternativas compatibles con el calendario real del proyecto.
Este es probablemente el punto que más ayuda a mejorar un proceso de muestreo. Antes de pedir una muestra conviene saber para qué se necesita.
¿Queremos validar el tamaño? ¿La ergonomía? ¿La percepción de calidad? ¿El funcionamiento del dosificador? ¿La combinación entre frasco y tapón? ¿Una decoración? ¿El comportamiento con la fórmula?
Una misma muestra puede servir para distintas comprobaciones, pero no todas las muestras sirven para tomar todas las decisiones. Por eso, antes de ampliar continuamente el número de opciones, resulta útil hacerse una pregunta muy sencilla:
¿Qué decisión podremos tomar cuando tengamos esta muestra sobre la mesa?
Si no existe una respuesta clara, probablemente todavía falte definir mejor el briefing.
Antes de iniciar la selección, el proyecto debería poder responder a muchas de estas preguntas:
No disponer todavía de alguna respuesta no significa que el proyecto no pueda avanzar. Al contrario: identificar esas incógnitas forma parte del propio proceso de desarrollo