24 de marzo de 2020
Vivimos momentos en los que el planeta muestra claros síntomas de colapso. Las señales son inequívocas (deshielo, deforestación, calentamiento, incendios, sequías, inundaciones…). Cualquier sector y ámbito de actividad debe comprometerse con revertir un escenario que pone entre las cuerdas el futuro de la sociedad tal y como la conocemos. Durante demasiado tiempo el mercado se ha guiado por una economía lineal que genera una huella difícil de borrar, soportada por el ‘usar y tirar’ y el abuso de recursos fósiles y limitados.
El packaging no ha sido una excepción, por eso su papel es clave hacia la consecución de un nuevo modelo de producción inteligente y sostenible. El packaging debe avanzar, a través de la innovación, hacia un nuevo marco de actividad en línea con las políticas y protocolos medioambientales más exigentes. El sector está volcado, como ya se vio en el último ADF & PCD de París, la cita profesional que reúne a la industria de envases de perfumes y cosméticos de mayor proyección.No solo el consumidor lo exige (según un informe de Nielsen, más de la mitad de los consumidores están dispuestos a pagar un precio más alto si el envase es respetuoso con el medioambiente). Fabricantes, laboratorios y marcas están mostrando también una gran determinación a la hora de apostar por un modelo de diseño y fabricación de envases, para que no quede solo en una tendencia o una moda pasajera.No solo eso. También trabajamos en otras medidas, no tan visibles, pero sí necesarias. Dentro de los procesos de RAFESA, extendemos el compromiso medioambiental hasta el reparto con la adquisición de una furgoneta con etiqueta ECO, asegurando que la entrega a nuestros clientes se realiza de forma sostenible. O la integración de la norma ISO 14001:2015 de empresa responsable en la que estamos inmersos para obtener la certificación lo más pronto posible y que nos reafirma como un proveedor comprometido con el packaging del futuro desde el presente.